sábado, 27 de diciembre de 2014

La quiero a morir

Cada vez que la poesía intenta escribirse en aquel teclado en metamorfosis agradeciendo la aparición que tuvo por sus sueños, se olvida de algo. Esta vez no llega a escribir sus penas.
Esta vez quiere crear poesía a través de sus alegrías.
Agradece un poco más el haberse aparecido en sus sueños, ojalá no esté cansado de sonreír ante su mirada e iluminar de manera violenta su rutina. Ojalá quiera aparecerse entre sueños y no, cuando deja de ser ilusión y quiere doler para ser señal. Le acariciaría cada suspiro que naciera para estar más cerca y jamás soltarían sus manos para despedir los amaneceres masturbados de lunas llenas.
Si no tiene pena, no escribe.
Canta.
Lo que el alma le duele.
Canta.
Y la mente le sopla
Y sólo canta
Canta de día y canta de noche.
No escribe porque olvida y lo que olvida lo canta.
Pero olvida
Se acaba el año y se cierran ciclos para abrir otros.
Se cierran blogs porque no existen cosas tristes para escribir.
Se escribe desde el vaso lleno hacia arriba.
Se ama desde el corazón llenito desde adentro hacia afuera.
Se llena el corazón sembrando el amor desde que se es pequeñito.
Se es pequeño para crecer
Se crece con cada golpe, cada lágrima y cada gota de sangre.
Se llora para expulsar lo tóxico
Se intoxica cuando intentó amar y huyó de lo que sentía.
Huyó porque vio la salida fácil de la instrospección
buscó hacia adentro y sólo halló sombras.
Siguió huyendo.
Intentó perderse...
Pero se encontró.