Bajo una luna menguante que apenas ilumina el camino en medio de una tremenda oscuridad que impide ver hasta sus manos y desconocer el destino donde lo llevarán sus pasos. Entre la poca luz y los perros él está solo vagando con nada en la mente tan cerca y tan desconocido.
A su al rededor todo parece inquieto como si una alerta hiciera fugar la calma en cualquier momento mientras la luz de su cigarrillo trae un poco de paz a quien lo observa sentada en el suelo rodeada de libros y una melodía que desconoce las notas.
...Mencioné que no habían edificios?...
En sus bolsillos guardaba una canción así como Bukowski guardaba un pájaro azul en su corazón pues no estoy hablando de edificios sino de una canción que sirve para curar las penas y el dolor y vivía tranquila en su bolsillo junto a una armónica que de soplar no pregunta y de cantar para olvidar los desastres del mundo y que nuestros indios mueren en la lucha.
Su aspecto era demente y a lo lejos se notaba que le habían arrancado los sentimientos para poder vivir en paz con la emoción de vencer siempre los paralizantes miedos, ganarle a la injusticia sin sobrevivir trabajando para alimentar su hogar.
Vive de su anarquismo huyendo siempre de la realidad que nos imponen, busca siempre la libertad en todos los rincones obedeciendo jamás a alguien, haciendo siempre lo que quiera y ser feliz en todos los intentos. No le importan el cemento ni los edificios ni los pasajeros del mal camino porque piensa que el polvo vuelve siempre al polvo.
Paz son tres letras y el sueño de seis mil millones de humanos, me dijo, y tenemos el cerebro adormecido.
