lunes, 25 de junio de 2012

No olvides ponerle una pizca de dolor al hornear ese silencio

Desvanece la idea que me trajo hasta aquí para intentar un poema sólo de una larga caminata llego a escribir mis penas.  He venido a hablar con una hoja en blanco porque una visión deslizándose suavemente dejó su esencia que aún suena dentro del sonido del silencio.
En inquietos sueños me paseaba por estrechas calles oscuras y al levantar la vista  por el frío la humedad de mis ojos fueron apuñalados por el destello que quebró la noche.  Me siento en silencio hasta que todo parece normal y muerdo las ganas de darle una flor encontrada en el suelo, un puñado de arena o un silencio.  Un poco de mi tiempo para dar la vuelta y correr entre sus dedos bajo lunas azules, quisiera verlo para que pueda mirarme inspirada en la brisa, en el rojo de la noche, el negro de lo humano tal vez podría besarlo durante una hora.   Frío ácido de recuerdos, las puertas tienen entradas y salidas que indica ser yo nunca será malo y ser parte de ti sería para siempre creando mañanas para mis ojos.
La pureza del verso se consigue con la quietud del alma, desvelos de locura, noches de risa incontrolable y suspiros incontenibles y las ideas que a mi mente se escapaban dibujando el terror de mis horas en blanco.  En la desnuda luz vi diez mil personas, gente conversando sin hablar, oyendo sin escuchar, gente escribiendo canciones que nadie verá y nadie se atrevía a romper el sonido del silencio, entre susurros confieso a los gusanos mi tristeza infinita mientras ellos con rapidez devoran los torcidos filamentos de la textura de la desolación andante de este sueño que se transformó en insomnio.
Se desvanece y no es la salida caminar dormida y ver sin mirar, se encuentra lejos buscando vida y tan cerca que no lo puedes notar.